Malditas mujeres - Angélica Gorodisher

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“Hay escritores que se enamoran de sus personajes y les apena dejarlos. Yo no, cuando se acerca el final quiero que se vayan de una vez. No me siento vacía porque siempre hay otros esperándome por ahí”, dice Angélica Gorodischer, quien con ironía y desparpajo puede pasar de la novela al cuento y de la ciencia ficción al realismo o al más desopilante ejercicio del humor. Su abanico temático incluye diversas exploraciones del género fantástico, el relato feminista, el género policial, la narración erótica, la biografía y la novela histórica; con ellos pone en jaque prejuicios sociales, raciales, de género y cuestiona también los límites de los géneros literarios.
Las mujeres son sus personajes preferidos, particularmente las de la pequeña burguesía. Sus libros de ciencia ficción, por los que alcanza máximo reconocimiento, han sido desde su nacimiento objeto de culto y se consideran puntales de la narrativa fantástica moderna. Se la estudia como escritora de ciencia ficción, como escritora que hibrida géneros literarios y como escritora de género, en el estante dedicado a las feministas, pero su obra excede y escapa de esos casilleros y de eso, por supuesto, también se ríe ella.
Angélica Gorodisher
Nació en Buenos Aires en 1928 y desde 1936 vive en Rosario. Cursó estudios en la Escuela Normal No. 2 de Profesoras en Rosario y en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Nacional del Litoral. En 1964 ganó un concurso de la revista Vea y Lea con el cuento “En verano, a la siesta y con Martina”, y desde entonces ya no se detuvo. Aunque publicó libros muy diversos y el humor está muy presente en su obra, es más conocida fuera de nuestro país por su obra de ciencia ficción, género en el que se la considera una de las voces más importantes de Iberoamérica. Publicó las novelas Opus dos(Minotauro, 1966), Kalpa Imperial (Minotauro, 1984/Emecé, 2001),Floreros de alabastro, alfombras de bokhara (Emecé, 1985),Jugo de mango (Emecé, 1988/1995), Fábula de la virgen y el bombero (Ediciones de la Flor, 1993), Prodigios (Lumen, 1994), La noche del inocente (Emecé, 1996), Doquier (Emecé, 2002),Tumba de jaguares (Emecé, 2005), Tres colores (Emecé, 2008) y los cuentos y relatos Cuentos con soldados (Club del Orden, 1965), Las Pelucas (Sudamericana, 1969), Bajo las jubeas en flor(Ediciones de la Flor, 1973), Casta luna electrónica (Andrómeda, 1977), Trafalgar (El Cid, 1979), Mala noche y parir hembra (La Campana, 1983), Las Repúblicas (Ediciones de la Flor, 1991),Técnicas de supervivencia (Ed. Municipal de Rosario, 1994),Cómo triunfar en la vida (Emecé, 1998), Menta (Emecé, 2000) y la antología Esas malditas mujeres: antología de cuentistas latinoamericanas (selección y prólogo, Ameghino, 1998).
Kalpa Imperial fue traducida al inglés por Ursula K. Le Guin comoThe Greatest Empire That Never Was (Small Beer Press, 2003) yFloreros de alabastro, alfombras de bokhara, al alemán por Marion Kappel como Eine Vase aus Alabaster (Orlanda Frauenverlag, 1992/Fischer-Taschenbuch-Verlag, 1997). Obtuvo, entre otros, el Premio Más Allá 1984, Premio Emecé 1984-85, Premio Sigfrido Radaelli, Club de los XIII 1985, Premio Konex de Platino 1984, Premio Dignidad de la Asamblea Permanente por los Derechos Humanos 1997, Premio Esteban Echeverría 2000, Premio ILCH, California, 2007, por su obra completa. Es Ciudadana Ilustre de Rosario. En 1998, 2000 y 2002 organizó en su ciudad los encuentros internacionales de escritoras.
Se dijo de ella
“Angélica Gorodischer es una de las voces más originales de la narrativa argentina. No sólo por el color particular de su escritura, caudalosa y barroca, sino por sus rasgos de humor y el volumen de su imaginación. Griselda Gambaro”. Contratapa de Mala noche y parir hembra.
Tumba de jaguares no es sólo la última novela de la prolífica Angélica Gorodischer, sino uno de los puntos más altos de su arte poética. La política de los ’70 y el compromiso literario se cruzan en un deslumbrante juego de relatos dentro de relatos”. Guillermo Saccomanno. Radar Libros. Domingo 25 de septiembre de 2005.
“Sus grandiosas imágenes sobre un imperio milenario se nutren en parte del legado europeo en el Nuevo Mundo, como sombras chinescas de fuerzas pavorosas y poder irracional, decadencia y esplendor, corrupción, violencia y el inextinguible anhelo de libertad”. Ursula K. LeGuin, traductora de Kalpa imperial al inglés.
Ella dijo
“Oigo una y otra vez voces de censura contra los talleres literarios y contra los círculos de señoras que escriben. De los talleres podemos hablar en cualquier otro momento: lo que quiero hoy es ocuparme de lo otro, de las señoras que escriben. Dije señoras, no dije escritoras. Veamos. Dale Spender se preguntó una vez en dónde estaban y quiénes eran las madres de la novela. Porque hablan eruditos señores, agudos ensayistas, sesudos historiadores, sólo de los padres de la novela. Entonces, ¿no tuvo madres la novela? ¿Nació como Atenea de la cabeza de Zeus, armada y a los gritos? ¿O Metis en este caso sobrevivió? Y si lo hizo, ¿en dónde están esas madres de la novela?”.
“Escribir entonces, hacer literatura, implica un doble trabajo de identificación y de colectivización: el trabajo de la igualdad en la diferencia, la tarea rampante de remontar la letra hasta la cima de su difusión como lengua de cultura; la que nos dé la ilusión, el propósito de llegar a encontrar una palabra secreta y única, primera y última, que nos abra la comprensión de la Torre en la que,
a pesar de prejuicios, dictaduras, pestes, hambrunas y guerras, seguimos obstinadamente viviendo. Escritura literaria: La vera historia”.
Congreso de la lengua. Rosario, 2007
Cuento
La resurrección de la carneTenía treinta y dos años y hacía once que estaba casada y se llamaba Aurelia y una tarde que era de sábado miró por la ventana de la cocina y vio en el jardín a los cuatro jinetes del Apocalipsis. Hombres de mundo, los cuatro jinetes del Apocalipsis. Y bellos. El primero empezando de este lado montaba un alazán de crines oscuras: estaba vestido con breeches blancos, botas negras, chaqueta granate y un fez amarillo con pompones negros. El segundo tenía una túnica sin mangas recamada en oro y violeta y estaba descalzo: cabalgaba a lomos de un delfín gordo. El tercero tenía barba, una barba negra, cuadrada y respetable: se había puesto un traje gris príncipe de Gales, camisa blanca, corbata azul, y llevaba un portafolios de cuero negro: estaba sentado en una silla plegable sujeta con correas a la joroba de un dromedario canoso. El cuarto hizo que Aurelia sonriera y que se diera cuenta de que ellos le sonreían: montaba una Harley-Davidson 1200 negra y plata y vestía de negro y calzaba botas negras y guantes negros y llevaba un casco blanco y antiparras oscuras y el pelo largo y rubio y lacio flotaba en el viento a sus espaldas. Corrían los cuatro en el jardín sin moverse de donde estaban, corrían y le sonreían y ella los miraba por la ventana de la cocina. De modo que terminó de lavar las dos tazas de té, se sacó el delantal, se arregló el pelo y se fue al living.
–He visto en el jardín a los cuatro jinetes del Apocalipsis –le dijo al marido.
–Mirá vos –dijo él sin levantar los ojos del diario.
–Qué estás leyendo –preguntó Aurelia.
–¿Hmmmm?
–Digo que les fueron dadas una corona y una espada y un denario y el poder.
–Ah, sí –dijo el marido.
Y después pasó una semana como suelen pasar todas las semanas, muy despacio al principio y muy rápidamente hacia el final, y el domingo a la mañana mientras ella preparaba café, vio por la ventana a los cuatro jinetes del Apocalipsis en el jardín pero cuando volvió al dormitorio no le dijo nada al marido.
La tercera vez que los vio, un miércoles, sola, por la tarde, estuvo mirándolos durante media hora y finalmente, como siempre había querido volar en un aerostato amarillo y colorado, como había soñado con ser cantante de ópera, amante de un emperador, copiloto de Ícaro, como le hubiera gustado escalar acantilados negros, reírse de Caribdis, recorrer las selvas en elefantes con gualdrapas púrpuras, arrancar con las manos los diamantes ocultos en las minas, vivir bajo el agua, domesticar arañas, asaltar trenes en los túneles de los Alpes, arengar multitudes, incendiar palacios, abordar los puentes de todos los barcos del mundo, finalmente, como era tristemente estéril ser adulta y razonable y sana, finalmente ese miércoles sola por la tarde se puso el vestido largo que había usado en la última fiesta de fin de año de la empresa en la que su marido era subjefe de ventas, y salió al jardín. Los cuatro jinetes del Apocalipsis la llamaron y el muchacho de la Harley-Davidson le tendió la mano y la ayudó a subir al asiento de atrás y allá se fueron los cinco rugiendo en la tormenta y cantando.
Dos días después el marido se dejó convencer por la familia y los amigos e hizo la denuncia de la desaparición de su mujer.
–Moraleja –dijo el narrador–: la locura es una flor en llamas. O, en otras palabras, es imposible inflamar las cenizas muertas, frías, viscosas, inútiles y pecaminosas de la sensatez.
Tomado de Mala noche y parir hembra. Héctor Dinsmann Editor, Buenos Aires, 1997

3 comentarios to “Malditas mujeres - Angélica Gorodisher”

  • 06 agosto, 2013 23:39
    Kil Mes says:

    una gran escritora feminista :)
    soy nuevo en blogspot, agradecería mucho una pequeña ayuda con un comentario, critica o recomendación.
    http://indiokilmes.blogspot.com.ar/
    desde ya muchas gracias

  • 07 agosto, 2013 18:35
    Anama says:

    Magnífica escritora. Gracias por recordárnosla. El cuento ya me lo apropio para mi repertorio. Cariños.

  • 13 septiembre, 2016 10:55

    Hermoso el cuento, atrevido y muy graciosa la moraleja.

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